El Escorpión es mi cuarto álbum de estudio y, probablemente, el disco que mejor resume mi forma de entender la música.
No nace de un concepto previo ni de una historia única. Nace de diez canciones escritas en momentos diferentes que, al reunirse, terminan revelando un mismo universo: personajes que conocen el amor, la derrota, el deseo, el humor, la carretera y el blues.
Hay rock and roll, blues, boogaloo, baladas y dos versiones muy especiales: Ruta 66, adaptación del clásico de Bobby Troup, y Tren, una canción de Hendrik Röver que cierra el álbum como termina un viaje: mirando por la ventanilla mientras el paisaje se aleja.
Grabado junto a Aure Martín (batería) y Quili Sánchez (bajo), y con la producción de Santiago Campillo, El Escorpión es un disco construido desde el respeto por la tradición, pero escrito con una voz propia y en castellano.
No he intentado reinventar el rock and roll.
He intentado hacer lo que siempre he creído que merece la pena: escribir buenas canciones.
Porque si el rock and roll sigue vivo, no es porque alguien haya inventado algo nuevo.
Sigue vivo porque todavía hay canciones que pueden salvarte la vida.